Encuentro literario Etnosur

El Aula de Literatura de Etnosur acogió en esta edición la presentación del libro ‘Un golpe de vida’ de Juan Cruz, y la lectura de diversas obras por lo poetas invitados

Con los cuerpos un poco desvencijados, después de dos días de intenso trajín, el aula de literatura etnosureña sigue atrayendo a un personal variopinto que llena la sala de la Tejuela.

Este año ha venido el periodista y escritor y muchas cosas más, Juan Cruz, a presentarnos su libro “Un golpe de vida”, aderezado con una charla-lección sobre periodismo, escritura y vida.

Tras contarnos que anoche estuvo en el circo y disfrutó de Alcalá “la verdadera”, nos ha sumergido en sus orígenes y primeros contactos con la lectura y la escritura. Él, que era un niño asmático, en una casa donde no había libros ni periódicos, rememora como su madre, que apenas sabía leer, le contaba cuentos y mentiras, que fue un lector vagabundo a base de leer prospectos, letreros de los camiones (la carga, la tara…).

En el libro y en la charla, combina la memoria y la biografía con mucho talento: “todo lo que hacemos viene del esfuerzo y no de tener un don”. Hace loa del aprendizaje y de la gestión eficaz, habla de los elementos personales y colectivos, nos cuenta cuales fueron sus primeras lecturas (Dickens, el padre Coloma, Julio Verne) de su primer poema leído, de R.Kipling, de Camus y su primer acercamiento a él con la lectura de “EL extranjero”.

Repasa sus flirteos con la obra de Kafka, Cortázar y Onetti, del que rescata una frase rotunda que se debería tener en cuenta en el periodismo: “los periodistas debíamos tener una tercera mano, para que nos golpee y nos diga, así no”. Recalca que la lectura es el primer aprendizaje para escribir, que leer es vivir la propia vida y escribir también, que no puede ser gratis el trabajo que hacemos los periodistas.

A continuación mantuvo un coloquio ameno con el público; total una hora de calidad y entretenimiento para dar paso, tras un pequeño descanso, a las/os poetas invitados este año: Abraham Guerra, Trinidad Gan y Begoña M. Rueda, que mantuvieron al personal enganchado hasta la hora de comer.