El artista Miguel Ángel Torneo muestra la fusión de la fotografía con la naturaleza, a través del collage

El artista baezano Miguel Ángel Tornero muestra en la Sala de Exposiciones de la Antigua Escuela de Magisterio de la Universidad de Jaén (UJA) su particular visión sobre la fusión de la fotografía con la naturaleza, a través de un collage fotográfico.
Esta muestra, cuyo título es ‘Sin Atajos’, fue inaugurada anoche por el Rector de la Universidad de Jaén, Juan Gómez Ortega, que estuvo acompañado por el Vicerrector de Proyección de la Cultura y Deporte, Felipe Serrano Estrella; la alcaldesa de Baeza, Lola Marín, y los comisarios de la exposición, Juan Ramón Rodríguez y María José Collado.
Juan Gómez subrayó el compromiso de la UJA con la cultura y con los artistas jiennenses “de gran valía”. Asimismo, añadió que el espectador podrá conocer con esta exposición “la compleja y sugerente obra de Miguel Ángel Tornero, que alejada de convencionalismos, y aun bebiendo de la cotidianeidad, proyecta de forma elocuente su forma de entender la realidad más inmediata”.
Por su parte, Miguel Ángel Tornero explicó que se trata de un collage fotográfico, con una iconografía “muy peculiar, que se repite, como son cardos y pitas; lo que crece a la contra, en la tierra de nadie, alejado del centro”. El artista añadió que lo que más le interesa mostrar es una fotografía orgánica, “como si la fotografía se fundiera con la planta” y extraer esa “sensación pinchosa del cardo y la pita”. De esta forma, Tornero busca el paralelismo del paisaje interior y el paisaje exterior. “Las fotografías están realizadas de noche, como una forma de reconciliarse con la parte oscura y pinchosa de cada uno”. La muestra ofrece mucha información visual, “incluso barroca, como mucho ruido, para estimular a la vista”.
La muestra
‘Sin Atajos’ se compone de una selección de obras recientes de Miguel Ángel Tornero; un conjunto de piezas donde es posible advertir los intereses, claves y objetivos que palpitan en el interior de su producción artística última: la vuelta a la verdad de lo analógico, al trabajo manual que no abandona el marco fotográfico, pero que avanza hacia la instalación escultórica, a la revisión del collage como herramienta creativa y como modelo de comprensión de la realidad, a la explosión del flash que ilumina un instante la noche, a la producción de escenografías para la extrañeza y la desorientación.
Por encima de todo, la fuente donde buscar toda referencia está escondida en la realidad cotidiana y en la memoria familiar. Todas sus propuestas, de un modo u otro, conservan relación con el territorio y los paisajes de su infancia y adolescencia. Diríase que todos los elementos y procesos puestos en juego son una excusa para la introspección. Es, en este punto, donde cobran fuerza los símbolos transeúntes: signos parlantes -con el cardo como cita imprescindible- de la naturaleza exterior y de las conflictivas relaciones del ser humano con su entorno, fracturas con las que el artista se encuentra cada vez más concienciado ética y políticamente.